RETOS

viernes, 8 de mayo de 2015

BUENOS DIAS-TARDES... CON POEMAS


el poeta Mariano

Con el permiso de la autoridad o sin ella aquí... los poemas que mis compañeros de "Letras para la poesía" recitaron, y recité, ayer en la presentación del poemario de Mariano Martínez Luque...
"Voces en el silencio"




Los mases duermen rubores

Recita: Marco Negredo

 Los mases duermen rubores de arcilla, paja y cemento.
Turbena de tarde lenta, Turbena de cielo azul.
Allí la fiesta del trigo, cordero, romero y pan.
Allí le entregué en el fuego miradas de tarde rubia.

Pinturas de caserones con lustros en los tejados,
Cenallo también se asoma a la pasión y el olvido.
El humo de la memoria ya no tiene voz ni tiempo;
sólo me queda esta sombra de una dama de cristal.

Sonaron en la llanura voces de oveja y de perro.
De Híjar hasta Albalate el aire sabe a cebada.
Querer se quiere despacio mientras el sol se deshace
con brillos de oro y de rojo sobre un horizonte mate.

La noche llega sin luna a los campos de ceniza.
Borrasca de brisa y tiempo, sus ojos de lirio azul;
sus manos de nata y plumas acarician el zaguán;
ágilmente late y late mi corazón indomable.

Amor que duro es tenerte sin percibir tus abrazos,
sin escuchar tus aromas rozando la piel del mar.
Los mases duermen rubores, de arcilla, paja y cemento.

La noche llega sin luna sobre la vid y el silencio. 


Sombras en el papel
Recita: Juan José Bielsa





Migajas de la luna
sobre las torres mudéjares,
plomo en el cielo,
un rostro salino, apático,
tras el cristal de la memoria,
y un cansancio de invierno.
Llueve......

Sobre el papel la pinto
otra vez de azul y nata,
en frases que corren sin prisa,
como estas brumas de algodón,
como estas sombras, mudas y apasionadas. 

La lluvia canta.....
Observo el agua inquieta
de los torbellinos barrosos
en las cárceles del asfalto:
las brillantes rendijas
engullendo este llanto del cielo.
Y otra vez, no puedo evitarlo:
su recuerdo....

Y allá se van sus sombras nebulosas,
mientras en la parsimonia de la tarde
siento el murmullo de la santa María
entre el chasqueo de las cuentas del rosario;
Y allá se va su desnudez de frío
mientras continúa la cantinela del asfalto:
azul y blanco....




Siempre entre los árboles
 Recita: Ariel


En la habitación blanca, entre olor a medicinas,
mientras yo dormitaba en la butaca de escay,
escuché que me hablabas de los tiempos de mi infancia:
de aquel viejo cerezo, que el jardín de Begoña,
espiraba también sus días,
mostrando un tronco arrugado, retorcido y seco.


Recordé contigo aquellos brotes de ramas, sin apenas hojas,
junto a la parra joven, que ascendía por la otra esquina,
agarrándose a la pared, como una amante presumida;
Al membrillero alto con porte de ogro y traje de felpa verde,
o, al albarcoquero  pequeño del patio de Roumaldo,
Exponiendo sus frutos como pasteles de boda,
de colores rojizos, anaranjados y blandos.

En la habitación blanca de aquel hospital,
en la ciudad de Alcañiz,
entre el sonido de los coches y el murmullo de la gente en los pasillos,
te seguí observando, mi querido padre, a veces de pie y a veces sentado,
mientras volvías otra vez a narrar tu vida, en retazos cortos.
Y, en todas las ocasiones, describías en murmullo,
 esas vivencias de tu tierra lejana, allá en el sur; 
Y siempre el paisaje aparecía en mi recuerdo,
el paisaje entre las sombras de los fantasmas del tiempo,
el camino de los huertos plagado de bancales y nogales viejos,
los campos de la  vega donde murmuraba aquel castaño,
amores de otro tiempo: grabados de navaja en su tronco inmenso;
El camino de Fuente Santa hacia el Chimeneón rojizo,
en la antigua fragua de las minas de plata.

En la habitación blanca de tus últimos días,

el paisaje de tu tierra, y también de la mía,
se repitió en tus palabras, entre silencios y toses,
una y otra vez, como una letanía.
“El chisco de San Antón con su pilila y tooo”
en la noche nevada de aquel Enero, ¡tan frío!
Ramas y más ramas de los chaparros del monte,
ardían en las puertas donde se reunían los vecinos.
“El chisco de San Antón, con su pilila y toooo… “,
gritabas al aire  frío mostrando tu calva roja, y tu alegría del vino.
Con el crepitar de las ascuas, la hoguera lanzaba destellos,
rojos intensos de fuego, mientras en el cielo, la luna,
Iluminaba los campos, mientras entre la nieve y la bruma,
emergían los almendros,
los sauces llorones, las moreras peladas
y los cipreses del cementerio.
Otra vez los árboles, como silenciosos seres de cuento,
siempre estaban allí, cercanos y accesibles,
en la memoria tuya, y también en la mía,
mientras a través de la ventana, escuchabas,
como yo lo escucho ahora, este sonido del viento,
este cierzo de Aragón, que movía, levemente,
las hojas

de los árboles en la Avenida.



La noche de San Juan
Recito yo

Si no hubo luna en la noche,
en la noche de San Juan,
¿ya no salieron las brujas,
a rondar con las escobas,
por el cielo, hacia la mar?
¿Ya no hubo magia en las plazas,
sin hogueras danzarinas,
que muchachos y muchachas
se atreviesen a saltar?
¿Ya no hubo sueños de amor,
momentos de poesía,
que en esta noche de magia
se hiciesen realidad? 

La lluvia siguió cayendo,
mientras las musas dormían,
envueltas en nubes de agua,
envueltas en la nostalgia,
envueltas entre los sueños.

El hechizo del solsticio,
siguió la línea del tiempo,
y entre los truenos y rayos,
tras un repentino elipsis,
surgió la quimera del fuego.

Las musas se despertaron,
al soplo de un leve viento,
y en las plazas de los pueblos,
danzaron como luciérnagas,
miles de brujas a un tiempo.

El agua seguía cayendo,
recorriendo los bancales,
tiznando las piedras de barro,
abrillantando las hojas y flores,
reverdeciendo los huertos.

Y allá por el amanecer,
en el horizonte turbio y denso,
de las montañas del este,

la luna, dorada y fresca,
se levantaba en silencio,
desnuda como las sirenas,
mientras el sol la abrazada
entre el rumor de un tibio beso.  
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